Por: Wanda I. Jiménez
Cuántas veces has tenido que negociar con tus hijos para que hagan algo.
A pesar de que en el siglo XXI muchas de las teorías conductistas han quedado atrás, como padres las seguimos utilizando con nuestros hijos. Les eseñamos que deben hacer unas cosas por que al hacerlas tendrán una recompensa y los acostumbramos a realizar cosas, siempre esperando obtener algo.
Lamentablemente la vida no es así, los seres humanos debemos aprender que en muchas ocasiones no recibiremos cosas materiales por nuestras acciones y que la única recompensa será una de índole emocional.
Enseñemos a nuestros hijos que hay reglas y responsabilidades en el hogar que no admiten ser negociadas, que por realizar las mismas lo único que tendrán es la satisfacción personal y unos padres orgullosos de sus hijos.
Emilio Pinto, autor del libro “La educación de los hijos como los pimientos de Padrón” hace la recomendación de las cosas no negociables y cosas negociables como:
la hora de levantarse,
la obligación de ir al colegio,
estudiar,
las visitas a las casas de los abuelos,
la forma de vestir o comer,
lo que se ponga en el plato;
y puede admitirse la negociación para ver la serie de televisión,
acostarse más tarde,
recoger la mesa
o qué hacer la tarde del sábado.
No tiene que haber discrepancias entre los padres, no hay nada peor que tener un padre negociador en todo y una madre que no negocia nada o cede a todo. Las cosas son las que deben ser negociables o no, no los adultos.
Padres especiales, quiero compartir con ustedes esta reflexión, en lo personal me conmovió mucho y realmente describe el amor que sentimos por nuestros hijos y refuerza el tema de la negociación con los hijos.
Comentarios recientes